miércoles, 16 de febrero de 2011

PROGRAMA 96. CHAMANES Y EL FANTASMA DE SAUCEDILLA.

ESTRENO DE LA NUEVA SECCIÓN:  LA VOZ DE LAS TINIEBLAS. Con Manuel Barba, que nos adentrara en el mundo de los chamanes.


El chaman es el individuo al que se le atribuye la capacidad de modificar la realidad o la percepción colectiva de esta, de maneras que no responden a una lógica casual. Esto se puede expresar finalmente, por ejemplo, en la facultad de curar, de comunicarse con los espíritus y de presentar habilidades visionarias y adivinatorias.
En algunas culturas se cree también que el chaman puede indicar en que lugar se encuentra la caza e incluso alterar los factores climáticos.
El desarrollo de su poder mental que han obtenido se debe a múltiples practicas y al conocimiento de plantas consideradas sagradas por muchos pueblos.
Las características de un gran chaman son:
1. Ven el universo como hecho por vibraciones.
2. Ven el mundo en términos de mitos y visiones que en un principio parecen contrarias a las leyes de la fisica.
3. perciben la realidad en un estado de conciencia alterada.
4. Utilizan cualquier truco para alterar las creencias del paciente sobre la realidad.
5. Escogen lo que e físicamente significativo y ven todos los acontecimientos universalmente comunicados.
6. Penetran en mundos paralelos.
7. Trabajan con una sensación de gran poder.
8. Penetran en el mundo de la muerte para alterar su percepción en este mundo.


EL FANTASMA DE SAUCEDILLA.


El llamado caso del fantasma de saucedilla, compone una sucesión de apariciones de un extraño y tenebroso ser por las calles de una pequeña población cacereño cercana a la central nuclear de Almaraz.
Los hechos conmocionaron a la población de tal manera que requirieron, incluso, la participación de las fuerzas de la seguridad.
Todo comenzó en el otoño de 1983, donde una silueta de persona, pero con una estatura descomunal y unos ropajes largos, deambulaba por las calles de esta población.
Hacia la 22h. del día 17 de octubre de 1984, una joven de 14 años de edad, regresaba sola a su casa por la acera derecha de la avenida Gonzalez Amézqueta. Estaba oscuro y hacia frió. A unos cien metros de las primeras luces del pueblo, distingue una sombra abultada surgiendo de un descampado anexo a la acera contigua.
El ser permaneció inmóvil durante unos segundos y luego se desplazo lentamente en sentido contrario al testigo. Parecía que llevaba una túnica o capa negra que revoloteaba a unos centímetros del suelo y no se veían los pies, parecía como si flotase en el aire.

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